Durante la Jornada de Cultivos de Granos Invernales realizada en la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria de la Universidad Nacional de Tucumán, técnicos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) analizaron los resultados de macroparcelas de trigo implantadas en las localidades de Burruyacú y Viclos. “Se evaluaron materiales comerciales de trigo de diferentes ciclos, con rendimientos que oscilaron desde 1.100 kilos por hectárea (kg/ha) a los 2.600 kg/ha, destacando el rol del ambiente y el comportamiento del cultivar”, contó Francisco Mancilla, pasante del proyecto Trigo Maíz.

Este tipo de ensayos permite validar el comportamiento de los cultivares en situaciones reales de manejo y generar información útil para los productores al momento de elegir variedades para la campaña”.

Nicolás Carabajal, técnico del proyecto Trigo Maíz difundió los resultados de los ensayos sobre distintas combinaciones de densidad de siembra y distanciamiento entre hileras, conducidos en la campaña 2025. Los estudios mostraron que una menor distancia entre hileras (0,26 m) permitió lograr incrementos significativos del rendimiento, con aumentos cercanos a los 400 kg/ha, en comparación al distanciamiento de 0,52 m. “Esta disposición favorece una mejor distribución de las plantas, una cobertura más rápida del suelo y una mayor competencia frente a malezas”, explicó. Añadió que este tipo de configuraciones también contribuye a mejorar el aprovechamiento de los recursos disponibles y puede aportar beneficios desde el punto de vista de la sustentabilidad del sistema agrícola.

Gonzalo Robledo, de la sección Suelos y Nutrición Vegetal de la Eeaoc, presentó resultados de ensayos de fertilización en trigo. Contó que se evaluaron distintas estrategias de manejo del nitrógeno y su combinación con productos biológicos. Dijo que la incorporación de nitrógeno sigue siendo uno de los factores más determinantes en la definición del rendimiento del cultivo. Además, la combinación de nitrógeno con productos biológicos permitió mejorar la respuesta del cultivo y optimizar el aprovechamiento de los recursos disponibles, lográndose incrementos del rinde cercanos a los 500 kg/ha. El uso de estas herramientas evidenció una mayor eficiencia en el uso del nitrógeno y del agua disponible por parte del cultivo, que se tradujo en un mejor desarrollo y una mayor capacidad del cultivo para transformar los recursos disponibles en producción. “El ajuste de la nutrición del cultivo no solo impacta en el rendimiento, sino también en la eficiencia del sistema y en los márgenes del productor”, precisó.